Martes, 20 de marzo de 2018
Nota introductoria

Introduccion

El desarrollo de esta unidad temática se hará teniendo en cuenta varios aspectos entre los cuales se mencionarán los siguientes:

a) Que la comunicación desempeña una función muy importante en el aprendizaje científico.  Por ello, se partirá considerando el lenguaje como el instrumento mediador del aprendizaje.

b)  Que el aprendizaje de las ciencias se relaciona con el aprendizaje del lenguaje de la ciencia. Por ejemplo, un estudiante puede diferenciar bien el fenómeno de la fusión del hielo del de la disolución del azúcar en agua, pero  al describirlos puede utilizar las mismas palabras <<desaparece>>, <<se deshace>>, <<se disuelve>>, <<se funde>>… En este caso, el aprendizaje de los conceptos científicos de fusión y disolución pasará por aprender a dar un nuevo sentido específico a estas dos palabras, relacionándolas con los fenómenos respectivos.

c) Que el lenguaje científico no se caracteriza sólo por los términos utilizados, sino también por las estructuras retóricas (silogismos, analogías, metáforas, etc) y de género (descripción, justificación, argumentación, elaboración de informes; etc) que son diferentes de las del lenguaje cotidiano.

d) Que – desde el punto de vista de aprendizaje de las ciencias experimentales – resulta interesante analizar el sistema de comunicación que se da en el salón de clases, para identificar los procesos de aprendizaje y los obstáculos que se presentan para el mismo. Por ejemplo, la comunicación en el salón de clases debería permitir a los participantes construir significados compartidos, lo que no siempre ocurre, pues los estudiantes pueden compartir tareas o actividades sin compartir conocimiento, y por esta razón en la práctica, distintos estudiantes de un mismo grupo tienen diferente acceso al conocimiento (Kelly y Crawford, 1977. Citados por Jiménez A, M.P. et allí, 2003: 360).

Lenguaje de las ciencias

Nuevo enfoque para la historia de la ciencia y su lenguaje

Según un nuevo marco conceptual para el estudio de la historia de la ciencia, el desarrollo de las nociones abstractas de peso presentes hoy día en las teorías físicas se debió más a intereses prácticos y comerciales que a inquietudes intelectuales. El origen de la ley de la palanca, por ejemplo, debe buscarse en la necesidad de regular el intercambio de bienes, que favoreció la creación de instrumentos como esta romana (balanza de brazos desiguales). [Sociedad de Historia de Minnesota/Wikimedia Commons]

Algunas de las premisas de las principales corrientes historiográficas de los últimos años han quedado obsoletas y deberían revisarse, ya que no logran explicar el protagonismo y el carácter globalizador de la ciencia en el mundo actual. Esta es la tesis de Jürgen Renn, del Instituto Max Plank para la Historia de la Ciencia en Berlín, quien acaba de proponer un nuevo enfoque historiográfico en un artículo publicado en la revista Centaurus de la Sociedad Europea para la Historia de la Ciencia.

Para muchos historiadores, la ciencia no se distingue de otras prácticas culturales y la presentan como un objeto más de estudio de la antropología o la sociología. Hasta los aspectos fundamentales de la imagen clásica de la ciencia (prueba, experimento, dato, objetividad o racionalidad) han sido estudiados en sus contextos históricos, mostrando el modo en que se construyeron y desarrollaron en entornos sociales concretos que los modelaron hasta su forma actual.

Ese enfoque tan centrado en la construcción social de la ciencia ha propiciado, según Renn, que numerosos estudios se basaran en una concepción excesivamente localizada del fenómeno científico. Cuando se han examinado las prácticas de conocimiento de las sociedades no occidentales (chinas, hindúes, aborígenes, etcétera), por ejemplo, se ha analizado su desarrollo en sus propios términos, sin remitirlas o compararlas con el modelo de ciencia occidental. Más aún, la circulación de la ciencia en el mundo colonial del siglo XIX ya no se entiende como un proceso de difusión unidireccional (de la metrópoli a la colonia), sino más bien como un intercambio de saberes, en el cual cada parte fue activa y el conocimiento se generó tanto por apropiación como por difusión.

Renn advierte que ese modelo de «ciencia fragmentada» se halla en desacuerdo con el panorama actual, donde la ciencia cumple un papel globalizador y constituye un actor fundamental en la política y la economía de todos los países. ¿Cómo explicar, entonces, esta hegemonía científica occidental sin recurrir a los ya superados argumentos de su racionalidad intrínseca, a la supuesta superioridad universal del método científico o a alguna clase de capitalismo o conspiración tecnocrática que lo ha llevado a ser la fuerza conductora de la modernización? ¿Existe alguna perspectiva global que dé cuenta no solo de ese rol universalizante de la ciencia en el mundo moderno sino también de las diferentes formas de racionalización que históricamente interactuaron y circularon por distintas sociedades?

La importancia del conocimiento práctico y la cultura material

En su nuevo trabajo, Renn propone una solución, que, si bien no está exenta de debate y no cierra la discusión sobre el tema, sí podría arrojar luz sobre el mismo. Según el historiador, la clave reside en entender que nuestro mundo está, y siempre ha estado, conectado por el conocimiento (un conocimiento entendido no solo como estructura mental sino también como el que entraña dimensiones sociales y materiales). Debemos, pues, ampliar el marco de estudio historiográfico para incluir no solo los aspectos formales de cada teoría científica sino también el contexto de prácticas culturales en el cual esta se desarrolló. Para ello presenta el concepto de «evolución extendida», el cual, partiendo de una perspectiva más amplia, mostraría el modo en que la historia de la ciencia solo puede entenderse en el contexto de la historia del conocimiento.

Llama la atención que en este punto Renn no cite o discuta los desarrollos que, desde los años setenta del siglo pasado, ha tenido la disciplina histórica y, en particular, la sociología del conocimiento científico. Tampoco menciona los intensos y fructíferos debates que en las últimas décadas se están produciendo alrededor de la cultura material o el rol de actores científicos y contextos sociales como modeladores de la ciencia actual.

Renn opta por una postura más filosófica. Su nuevo modelo de evolución cultural tiene en cuenta dos aspectos fundamentales: primero, el rol de «estructuras regulativas» tales como instituciones o formas de conocimiento; segundo, lo que el autor denomina «construcciones de nicho», que serían las propias representaciones que un grupo social hace de la realidad en un contexto determinado, por ejemplo, por la creación y desarrollo de medios materiales. De esta forma, la cultura material se convertiría en un factor clave para la evolución de las instituciones y el conocimiento.

El desarrollo del lenguaje, la agricultura, la escritura y la mecánica

Para mostrar la utilidad del nuevo marco conceptual, Renn se centra en cuatro «historias» científicas: el surgimiento del lenguaje, la revolución del Neolítico, el desarrollo de la escritura y el origen de la ley mecánica de la palanca.

En el caso del lenguaje, lo primero que debe tenerse en cuenta es que este forma parte de un sistema complejo en el que se incluyen la vocalización, el lenguaje corporal, las expresiones faciales y la información extraída del entorno. Antes de su aparición debió existir una versión primitiva, un protolenguaje, compuesto por sonidos, gestos y manifestaciones de otro tipo. Esas señales primarias que dependían de situaciones puntuales empezaron a usarse fuera de su contexto original, volviéndose así parte de un régimen más elaborado, lo que permitió el surgimiento de un sistema comunicativo más complejo. En este caso, fueron las estructuras sociales las que crearon las condiciones que actuaron como fuerzas directrices de la evolución del lenguaje.

El segundo ejemplo corresponde a la revolución del Neolítico, a través de la cual las sociedades humanas abandonaron la caza y la recolección para ocuparse de cultivar y producir alimentos. Renn destaca que la producción de los mismos no solo requiere nuevas formas de interacción con el entorno, sino también organizaciones sociales y cognitivas diversas. En este punto, el sedentarismo permitió el desarrollo de nuevos mecanismos de comunicación. Así, el nicho constituido por las técnicas de cultivo primitivas pudo actuar como parte de un sistema que canalizó las acciones humanas hacia trayectorias evolutivas que, con el tiempo, permitieron la domesticación de plantas y animales.

En el desarrollo de la escritura, el tercer caso de estudio, la urbanización desempeñó un rol parecido al del sedentarismo en la agricultura. Aquí, la transformación fue desencadenada por las técnicas de contabilidad en un entorno de economía rural y urbanización temprana, que, a su vez, fue producida por la revolución neolítica y el surgimiento de grandes asentamientos humanos. La urbanización condujo, pues, a la exploración de la cultura simbólica.

Finalmente, Renn analiza el origen de la ley de la palanca (proporcionalidad inversa entre pesos y distancias en los brazos de una palanca), documentada ya por Aristóteles alrededor del año 330 a. C. El historiador indaga en la relación entre la formulación teórica (ley de la palanca) y el conocimiento práctico (producción y uso de artilugios mecánicos), ya que las balanzas con brazos desiguales fueron introducidas en Grecia no mucho antes de la primera aparición, en textos, de la ley de la palanca —un dilema semejante al del huevo y la gallina: ¿qué fue primero?—. El mismo Aristófanes en el siglo IV a. C. refiere un tipo de palanca; entonces, ¿qué clase de conocimiento se necesitó para inventarla?

La tecnología asociada a la necesidad de pesar cosas se introdujo como proceso de regulación social relacionado con el intercambio de bienes. Pero los estándares de peso se incrementaron de forma notable en el contexto de globalización económica y política. Se creó así un nicho cultural donde ya no era necesario establecer el equilibrio entre dos pesos arbitrarios sino que ya se podía determinar la relación entre un peso dado y un estándar conocido. Nacieron así balanzas de brazos desiguales (de las cuales la romana constituye un buen ejemplo), que, sin embargo, necesitaron de más conocimiento para desarrollarse a partir de las anteriores balanzas de brazos iguales. Ese conocimiento reside justamente en este nicho cultural y económico emergente. Con el surgimiento de la escritura se dio un paso más en esa evolución cultural del concepto de peso. Pero, una vez más, el avance no se debió a la lógica intrínseca del proceso de pesado, sino a razones sociales y económicas completamente externas a ello.

Los cuatro casos estudiados demuestran, pues, según el autor, que el avance de la ciencia se halla inevitablemente imbricado con los desarrollos sociales. La evolución del conocimiento científico y la del conocimiento general estarían, por tanto, íntimamente relacionados.

Tal como afirma Renn en su artículo, las teorías científicas constituyen representaciones simbólicas de arquitecturas de conocimiento complejas o «sistemas de conocimiento» que incluyen otras formas de saber, no sólo científicas. Su investigación concluye, por tanto, que, contrariamente a lo que muchos filósofos han creído, la aparente universalidad de ciertos conceptos no constituye un rasgo característico de una forma específica de racionalidad, sino que es más bien el resultado de una trayectoria histórica concreta en la evolución del conocimiento. Para comprender el modo en que las experiencias humanas del pasado modelaron la ciencia actual y averiguar cómo podrían cambiarla en el futuro, tendríamos que estudiar y entender estas trayectorias.

Si bien la propuesta de Renn es aguda y sugerente, no podría decirse que sea definitiva. «Da, como mínimo, para ser discutida con amplitud», señala Carlos Tabernero, profesor del Centro de Historia de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Barcelona. En su opinión, la postura de Renn «vendría a ser una llamada a superar las tendencias de los últimos años en la historia de la ciencia para volver a consideraciones mucho más tradicionales y hegemónicas», posturas en las que no se cuestione el papel de la ciencia en el mundo actual ni sus fundamentos. Esto se evidenciaría en la intención de Renn de «demostrar» la superioridad actual de la ciencia occidental mediante argumentos filosóficos, presentando la misma como un conjunto de ideas cuyo desarrollo histórico le ha permitido llegar hasta la posición dominante actual. El debate historiográfico sigue, pues, abierto.

Más información en Centaurus

http://www.investigacionyciencia.es/noticias/nuevo-enfoque-para-la-historia-de-la-ciencia-1305768


Modelo pedagogico de aula

El desarrollado del temario anterior requiere de dos estrategias:

Para el conocimiento formal los contenidos serán desarrollados teóricamente y se apoyaran en conferencias, exposiciones, videos, talleres y actividades de clase in vivo e in situ, algunas actividades serán abordadas en la red para afianzar el desarrollo de nuevas competencias en los espacios virtuales (Modelo pedagogico web 4.0).

Las acciones prácticas se fundamentaran en “habilidades personales y grupales” y de comunicación, tales como escuchar, leer y redactar, reflexionar, debatir o controvertir, que permitan dar uso y practicidad al conocimiento compartido, en un aula  de características constructivista, con el refuerzo de la expresión artística de los estudiantes del énfasis.

Finalmente, los estudiantes se “comprometen activamente” mediante la pregunta, ejemplos, el ejercicio práctico a contribuir con la retroalimentación, de igual manera se darán en espacios de asesorías particulares y grupales.

Proceso de cualificacion y cuantificacion

Se plantea una rubrica con los siguientes ítems: 

  • Asistencia a todas las sesiones y actividades programadas.
  • Claridad y profundidad conceptual en las exposiciones.
  • Estructuración argumentativa de los textos realizados individualmente y en grupo.
  • Participación documentada y pertinente en las sesiones.
  • Presentación de ensayos sobre algunas actividades planeadas.   
  • Puntualidad en la entrega de trabajos. Presentación con normas ICONTEC de los mismos.
  • Cumplimiento y responsabilidad.
  • Evidenciar las lecturas (estrategias de lectura)

Criterios para exposiciones: no leer, manejo del tema, utilización de recursos didácticos, manejo de tiempo y del auditorio, producción de ideas nuevas (lectura reflexiva de documentación sugerida o nueva)



TEMARIO

UNIDAD 1. 

EL LENGUAJE DE LAS CIENCIAS ES EL LENGUAJE DE LAS MATEMATICAS

1.    Propósitos
  • Estudiar  la relación entre el pensamiento y el lenguaje utilizado para expresarlo.
  • Analizar cómo se da la comunicación en la clase de ciencias (razonamiento y argumentación de los estudiantes) y la forma en que contribuye a una mejor comprensión de los procesos de aprendizaje de las ciencias experimentales.
  • Identificar el papel del lenguaje y la comunicación en la construcción de nuevo conocimiento en el salón de clases y, en concreto, en el aprendizaje de las ciencias experimentales.
2.    Especificos

  • Comprender la importancia de comunicar un concepto de las ciencias y entender el hecho social de este acto. 
  • Reflexionar sobre la evolución histórica de la comunicación y el uso de las nuevas simbologías. 
  • Entender la estructura de la construcción del conocimiento científico, y su vinculación e interdependencia con otras disciplinas. 
  • Comprender el rol del Licenciado y discernir sobre su responsabilidad al compartir el conocimiento de las Ciencias. 
  • Presentar adecuadamente el lenguaje de las ciencias para hacerlo comprensible. 
  • Comprender la utilización del Modelo Científico (El método científico), como hilo conductor en la construcción del conocimiento y el aprendizaje.

Programa General

Capitulo I.

Definicion de ciencia

El metodo cientifico

El lenguaje

Clasificacion del lenguaje

Ciencia, lenguaje  y logica

El lenguaje cientifico

Los terminos del lenguaje cientifico

Términos científicos: Una distinción epistemológica. 

Uso del lenguaje en investigacion

Los enunciados cientificos

La base empirica

La base teorica

Niveles de los enunciados cientificos

Capitulo II

El positivismo logico

La logica del LC

Pensamiento cientifico y lenguaje

La funcion del lenguaje cientifico

El argumento

1.Tercero excluido

2.Contradicción

3.Identidad

Evolucion  del lenguaje de las ciencias


UNIDAD 2.

El lenguaje de la ciencias debe su avance no a la lógica intrínseca del proceso del Metodo, sino a razones sociales y económicas completamente externas a ello.

Nota introductoria. Algunas de las premisas de las principales corrientes historiográficas de los últimos años han quedado obsoletas y deberían revisarse, ya que no logran explicar el protagonismo y el carácter globalizador de la ciencia en el mundo actual. Esta es la tesis de Jürgen Renn, del Instituto Max Plank para la Historia de la Ciencia en Berlín, quien acaba de proponer un nuevo enfoque historiográfico en un artículo publicado en la revista Centaurus de la Sociedad Europea para la Historia de la Ciencia.

Para muchos historiadores, la ciencia no se distingue de otras prácticas culturales y la presentan como un objeto más de estudio de la antropología o la sociología. Hasta los aspectos fundamentales de la imagen clásica de la ciencia (prueba, experimento, dato, objetividad o racionalidad) han sido estudiados en sus contextos históricos, mostrando el modo en que se construyeron y desarrollaron en entornos sociales concretos que los modelaron hasta su forma actual.

Ese enfoque tan centrado en la construcción social de la ciencia ha propiciado, según Renn, que numerosos estudios se basaran en una concepción excesivamente localizada del fenómeno científico. Cuando se han examinado las prácticas de conocimiento de las sociedades no occidentales (chinas, hindúes, aborígenes, etcétera), por ejemplo, se ha analizado su desarrollo en sus propios términos, sin remitirlas o compararlas con el modelo de ciencia occidental. Más aún, la circulación de la ciencia en el mundo colonial del siglo XIX ya no se entiende como un proceso de difusión unidireccional (de la metrópoli a la colonia), sino más bien como un intercambio de saberes, en el cual cada parte fue activa y el conocimiento se generó tanto por apropiación como por difusión.

Para mostrar la utilidad del nuevo marco conceptual, Renn se centra en cuatro «historias» científicas: el surgimiento del lenguaje, la revolución del Neolítico, el desarrollo de la escritura y el origen de la ley mecánica de la palanca.



Lecturas sugeridas

Habermas, Jürgen (1987). Teoría de la acción comunicativa [1981]. Taurus, Madrid. ISBN 8430603417

Habermas, Jürgen (2002). Verdad y justificación [1999]. Trotta, Madrid. ISBN 978-84-8164-497-5

Lenguaje y cognición: del lenguaje científico al mundo olvidado de las sensaciones. María da Conceigáo Pinto Antunes. Instituto de Educación y Psicología. Universidad del Minho. Campus de Gualtar.Dirección electrónica.

Freire Paulo. 1997. Una re-lectura para pensar la informática en educación.  http://www.elortiba.org/freire.html#Paulo_Freire:_una_re-lectura_para_pensar_la_informática_en_educación_

 Lucía Lewowicz. 2004. El carácter no universal del lenguaje en las últimas obras de Kuhn.  Análisis filosófico versión On-line ISSN 1851-9636 http://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1851- 96362004000200003&script=sci_arttext

El lenguaje lógico, el origen del lenguaje científico. Revista Española lingüística.

Modelos de lenguaje y tecnología del habla (language models and speech technology) Ma. Isabel Reyzábal Manso, Víctor Santiuste Bermejo. Universidad Complutense. Madrid

Entorno a la lengua científica. C. Pérez

Los profesores de ciencias, Como profesores de lenguaje. Sutton, Clive.

Importancia del lenguaje en el ámbito educativo. María Gladys Agudelo Gil

Ministerio de Educación Nacional. M.E.N. Lineamientos Curriculares – Lengua Castellana

Link – Bases de datos Universidad del Cauca

http://www.elortiba.org/freire.html



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Publicado por qqjelas
Domingo, 10 de enero de 2021 | 23:16

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